9 de mayo de 2018

Nada es tan terrible. Rafael Santandreu.

Como comentaba en el artículo anterior, toca hablar de este librito de Santandreu. Destaco la tercera parte que habla de la psicología conductual y mindfullness. Pero sobre todo su último capítulo. "Una última lección de sabiduría emocional". Muchos cambiarían la palabra emocional por espiritual, pero este señor es partidario de la Ciencia más que de la Espiritualidad. Y yo cada vez estoy más con él. Bueno, al tajo.
Nos habla, entre otras cosas muy interesantes en la teoría, del núcleo afectivo de la pareja. Que debemos vivir por esa persona que queremos y con la que convivimos, aunque creo, que actualmente nuestro autor no tiene pareja estable, por lo que no puede predicar con el ejemplo. 
Fundamenta la unión de una pareja en  que si se quieren y se aman, se apoyan y se miman, eso será el fundamento de su unión.
Nos dice que un buen psicólogo no puede atender a alguien de la familia ó alguien muy cercano afectivamente, porque no sería objetivo, y le doy la razón.
Y en general un repasito a lo que ya nos ha instruído en sus libros anteriores. Nada desperdiciable.
Pero voy a dedicar el resto del artículo a algo que ya venía diciendo en ocasiones anteriores. Meditar tal y como nos lo venden es imposible ó muyyyyy difícil. Todo lo más el famoso mindfullness, ó atención al presente, en este caso, de tercera generación, como nos lo quiere vender el autor. Y yo lo compro.
El producto se llama "Dejar pasar el rayo" y consiste en no darle bola al diálogo interior inservible y aceptar el flujo de las emociones negativas. Intentar huir de ellas causa el efecto contrario. 
Y es que todo ese diálogo interior quiere hacernos sentir mejor con respecto a lo que ocurre para controlarlo. Juzgando, lamentándonos y decidiendo que hacer al respecto, para hacernos sentir más seguros. Pero tanta rumiadura acaba siendo una maldición, nos vuelve obsesivos y nos impide disfrutar del presente, porque acaba siendo un loco generador de miedos, contradicciones y confusión.
Nos evitaríamos traumas dejando pasar el rayo. O sea, dejar pasar esos pensamientos negativos sin identificarse con ellos. De esta forma pasarán en unos minutos. Minimizarlos puesto que es imposible eliminarlos por completo.
Lo mismo ocurre con las emociones, como el miedo.
Para ello, nos tenemos que poner en la posición de observador. No contestar a la cháchara de la mente. Y dejar que las emociones negativas atraviesen nuestro cuerpo. 
Esperar a que pase la tormenta, aceptar, no dar credibilidad, observar desde la distancia, no identificarse y dejar pasar.


18 de abril de 2018

La escuela de felicidad. Rafael Santandreu.

Un resumen escuetísimo de este librito, en mi humilde opinión, suficiente, puesto que ya hemos hablado de este autor anteriormente, y probablemente el siguiente artículo vaya de su última publicación:"Nada es tan terrible".

En general, todo se puede adaptar al concepto Felicidad, desde diversos puntos de vista, pero todos compatibles entre sí.

-Aceptar la realidad por desagradable que sea. Así estaremos a gusto en cualquier situación.
-Escoger a conciencia que hacer y hacerlo bien.
-Superar los problemas y salir fortalecidos. Resiliencia.
-Actitud siempre positiva.
-Renunciar a algo en vez de ser esclavo de ello.
-Para muchos, el secreto de la felicidad está en hacer felices a los demás.

Por otro lado, si no lo tenía claro, en este libro la terapia cognitiva termina de pasarle por encima al pensamiento positivo de autores como Louise Hay, que sólo logran soluciones temporales.

12 de abril de 2018

La fábula de la culebra y la sierra.

Una culebra de Arizona se metió en una granja y entró en un almacén donde habían herramientas colgadas. Le gustó un sierra y quizo hacerse su amiga. Al acercarse, sinuosamente, se cortó y llena de ira la enrolló para estrangularla y ella sóla se mató.
La moraleja de esta fábula es que la ira no nos lleva a nada bueno. Pero desde mi punto de vista, cuando algo te hace daño, aléjate lo más que puedas y no mires atrás. Y si no puedes, procura mantenerte lo menos cerca posible.


9 de marzo de 2018

Crónica del azul.

En el azul es una novela del escritor canario Pedro Padilla Quintana, hermano de mi queridísimo amigo Agustín. Me gusta ser objetivo, y si no me hubiese gustado esta novela, no estaría escribiendo esta crónica, pues no sería tan objetivo como me gusta ser. 
El autor demuestra un conocimiento exquisito de la historia de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, y de la isla en general, al menos, de la época a la que nos traslada. 
Es el verano de 1941. La trama va del fallido atentado al caudillo Franco. Nos mete en la piel de todos los personajes que participan en la novela. De ambos bandos. Y el protagonista participa en los dos. Como única crítica constructiva, decir, en mi opinión, que tanto el principio (en el que me ví algo perdido) como el final son demasiado rápidos. 
Pero una vez que entras en la novela ya no puedes soltarla, aunque sepas que es un final anunciado a voces. 
Destaco, por encima de todo, varias páginas que nos enseñan cosas que están por encima de la lectura de una novela que tiene un poco de todo. Ésto lo dejo al lector.
Trama,  historia, entretenimiento, complementado con las  enseñanzas que paso a resumir.
Por una parte, los modales que muchas veces perdemos por ponernos a la altura de otros, que, ó bien no merecen la pena, ó no dan más de sí. De una manera u otra, debemos actuar con cortesía y no dar "ojo por ojo". Hago referencia a la página 170. ¡A leerla!
La frase de la página 153, "La ignorancia es temporal, pero la estupidez es para siempre". ¡Me encanta! La voy a adoptar, con permiso del autor.
La razón, descrita en la página 64, que motiva que un enfrentamiento entre hermanos sea "motivable".  Hombres divididos entre  seres humanos, por un lado,  bestias por el otro.
El perdón,  a veces muy difícil de conceder y concedernos, sobre todo, a nosotros mismos. Véase la página 191.
Y, en general, una novela entretenida que nos hará pasar un buen rato y nos enseñará un poco de nuestra memoria histórica.





14 de febrero de 2018

Políticamente correcto.

Tras muchos años he llegado a pensar que el título del artículo es el que desgraciadamente hay que utilizar en nuestra vida diaria  sino quieres ser protagonista universal ni por exceso, ni por defecto. O sea, no llamar la atención ni para lo bueno ni para lo malo. Tampoco quiero decir que haya que llevarlo a cabo.
No soy ningún mártir, de esos que han hecho historia sacrificándose por los demás ó al menos de una minoría desfavorecida, sea en el aspecto que sea. Y hay que reconocer que se han conseguido grandes avances, gracias a estas personas que se han dado a los demás. 
Y casualmente, gente como Mahatma Ghandi ó el Ché Guevara, provenían de familias pudientes.
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. De hecho casi nunca las hay. Sólo al final quedarás en la memoria histórica. Y ésto también lo han conseguido malas personas como los famosos dictadores de la historia. Creo que en su mente también estaba el beneficio de sus congéneres, no sólo el suyo propio. De hecho, en muchos de esos casos, dudo, que hayan llegado tan lejos, sólo pensando en enriquecerse a costa de los demás. De éstos últimos, pocos pasan a la historia. Me refiero a los tratantes de esclavos, en su época, ó en la actualidad a los mafiosos, que a base de explotar algo perjudicial para los seres humanos, se han hecho ricos. Siempre con la ayuda de los que les seguían en el negocio, porque éstos sólo son meros intermediarios, al fin y al cabo.
Recordemos que cuando la ley seca, los traficantes se enriquecieron ilegalmente, porque había gente que compraba el alcohol ilegal. Con las drogas igual. Con los esclavos igualmente.
Ni por exceso ni por defecto. Entonces, nos queda pasar desapercibidos a efectos globales, e intentar ser buenos hijos para nuestros padres, y buenos padres para nuestros hijos. En ese entorno más reducido, sin pasarnos de la raya si resulta interesante quedar grabado positivamente. Por lo menos, intentarlo.
He sido de los que me he volcado en más de una ocasión por los demás. No voy a entrar en detalles ni ejemplos, aunque me vienen varios a la cabeza. El resultado ha sido que, con los que mejor me he portado han sido los más desagradecidos, en la mayoría de los casos. Y aunque iba buscando el reconocimiento en muchos casos, lo que desde luego no me esperaba era la ingratitud y el "dame más tú que puedes".
Ahora, con la lección aprendida, intento ir por la vida humildemente, sin pasarme ni quedarme corto. Lo justo para evitar críticas de ningún tipo. Sonreir, siempre que se pueda. Tratar de ayudar sin moverme del asiento, en la medida de lo posible y poco más. Aunque dudo que lo consiga.
Adaptarme a la sentencia que dice: "Si vas a pasar, pasa, si vas a quedarte, quédate, pero no te quedes en la puerta porque estorbas".
Y no es que me guste ésto, pero empiezo a estar cansado de hacer por los demás. Me toca recoger la cosecha, ya es hora. Sin embargo, miro a lo lejos y veo poco que recoger y bastante diseminado. Sólo lo que está en mi entorno inmediato, y un poco raquítico.