No soy fanático del fútbol ni mucho menos. Pero me encantan los mundiales. Los sigo desde 1982. Sí, el Mundial de España, el de Naranjito.
Cuando conseguimos ser campeones del mundo en 2010, me dije que me daba por satisfecho, por estar (y seguir) entre las ocho mejores selecciones del mundo. Pero siempre quieres un poco más. Si conseguimos una segunda estrella, mejor. Dejamos atrás a Inglaterra que tiene una y nos ponemos a la par de Francia y Uruguay, aunque ésta se cuelgue cuatro, por lo que hablaremos a continuación. Y lo hemos hecho. Y de qué manera tan grande. Pasando por encima a una selección que merecía todos mis respetos hasta esta final. Qué satisfacción tan grande.
Precisamente con Uruguay nos embarramos para ganar a una selección, que como la de Paraguay y en última instancia, Argentina (todas, casualmente, sudamericanas) embarran el fútbol y hacen lo que sea con tal de ganar y así empañar este magnífico deporte, cuando saben que no tienen opciones. Uruguay, pese a que la Fifa no lo aprueba, se cuelga cuatro estrellas por las dos olimpíadas anteriores a que se le celebrasen los campeonatos mundiales de fútbol específicamente como deporte. Hasta ese punto llegan.
Si hubiese ganado Argentina la final, hubiese ganado el antifútbol. Eso queda en el recuerdo. Y dicho ésto, me permito la licencia de añadir que es así como Italia ha llegado a tener cuatro mundiales. Sólo recordar el mundial de Estados Unidos 1994, donde Tazzoti le rompió la nariz a Luis Enrique (posterior seleccionador nacional) en ese denominado antifútbol. En este último Mundial Italia ni siquiera ha participado. Ahí lo dejo.
Me siento muy orgulloso de haber ganado cómo y contra quien hemos jugado. No sólo como mejores jugadores, sino sabiendo como iban a jugar ellos, y dándoles de su propia medicina. Si no lo entiendes, no te lo voy a explicar.
Hay muchas teorías sobre si los argentinos han sido favorecidos por la Fifa en este Mundial. Y ahora me planteo el de Qatar 2022. Tendría que volver a ver los partidos... Aparte de su brutalidad en el juego, en las mismas narices del árbitro, que mira para otro lado cuando son ellos los que actúan así, ó ve faltas que no existen cuando el otro equipo ya ha metido un gol (en el caso de Egipto) ó le expulsan a su mejor jugador que queda atónito ante una expulsión injustificada, como en el caso de Suiza.
España no sólo ha hecho mejor "Fair play" sino que a pesar de que le anularan un gol por una falta inexistente en el área Argentina a un jugador (el mismo que empujaba y golpeaba a los contrarios delante del árbitro) y otro por un más que dudoso fuera de juego, supo imponerse y meter el gol a pocos minutos del final, para evitar la lotería de los penalties, que para mí no demuestran que un equipo sea mejor que otro.
Me ha dejado mal sabor de boca, la actuación de Argentina, antes, durante, pero sobre todo despúes del partido. No saben ganar, pero lo que es peor, tampoco saben perder. Así, con ese fanatismo enfermizo se pierde la esencia de lo que realmente es importante, ser el mejor, jugando mejor, y no ser campeón de cualquier manera. Lo cierto es que aunque te cuelgues otra estrella en la camiseta si llega a ser de esa forma tan sucia, en el recuerdo quedarás como lo que eres, empañando una trayectoria que hasta ese momento hacía temer jugar con una selección por su maravilloso juego y no por su suciedad en la cancha...
Por ese motivo, me alegra doblemente el triunfo de ESPAÑA. A pesar de "TODO", y con todo en contra, ha ganado, ahora sí, la MEJOR.