Contemporánea de la filosofía estoica, no podrían ser más iguales ni tan diferentes.
Bueno, su abanderado, Diógenes de Sínope, famoso por su síndrome y por decirle a Alejandro Magno que se apartara de su vista porque le tapaba la luz, a él que tranquilamente tomaba el sol en la entrada de su barril. Predicaba con el ejemplo, el arte de ver las cosas como son, en vez de como debería ser.
Sinvergüenza que realizaba actos impúdicos para la época, como comer, eructar, orinar y defecar, entre otros, en público, aunque hoy en día no lo sea tanto...
Inicialmente el cínico se adiestraba fortificando su voluntad y asegurar su capacidad de resistencia, elogiando a todo aquel que desistía de algún emprendimiento y evitarse así, el sufrimiento.
Su máxima : "Sin ciudad, sin hogar, carente de patria, un mendigo y un vagabundo que vive al día".
De hecho, predicaba con el ejemplo: Sólo llevaba un zurrón, con sus pertenencias, su báculo y su corto manto (que usaba tanto en verano como invierno)....
Básicamente viven para ser felices incluso en situaciones sumamente adversas, y provocaciones como los falsos juicios de valor, trastornos emocionales, etc...
Y así tenemos una conformidad con el Cosmos. Vivir en cualquier sitio, aceptando cualquier situación.
Cómo actuaba acorde a la naturaleza, no creía que defecar, escupir, orinar y otros actos en público debieran ser comparables al robo, acusaciones falsas, imputaciones injustas y otros actos no acordes a la naturaleza humana, sino contra ella.
No puedo estar más de acuerdo. A quién miramos mal, al que orina en la calle (ó su perro) ó al banquero con chaqueta y ferrari que te sonríe mientras te roba, cobrándote más intereses para su piscina nueva ...
Pero, en general, lo que éstos cínicos buscaban era la indiferencia, de elementos y de opiniones ajenas. De ahí su falta de preocupación por su aspecto externo... De ahí que estuviera satisfecho con poco. Cuanto más tenemos, más necesidades surgen, y así la mente nunca descansa...
Un cambio radical lo vemos en Rousseau que tras su primer discurso cambió de actitud, adoptando la conducta de un cínico. De un hombre cortés, al extremo opuesto, pero, combinado con el sarcasmo.
Fue por necesidad y no por virtud, pero a diferencia de Alejandro Magno, que lo envidió pero no lo cogió de modelo, Rousseau cayó en el ridículo...
Volvemos a tropezar con Nietzche, que su "Ecce Homo" nos dice que lo más alto que podemos alcanzar es el cinismo, como el camino más corto hacia la felicidad, por el amor a la vida en sí, con la total ausencia de necesidades respecto a otros bienes...
Dónde se habla sin tapujos, pero sin ánimo de ofender, un cínico actúa, pero el caso más típico del que habla mal de otros, es el del ofendido e indignado. Y, querido amigo nadie miente tan a menudo como el que se siente indignado...
El cinismo rechaza la actitud moral impuesta y la reemplaza por la actitud cómica. En ese momento nace el humor cínico.
Y, en mi humilde opinión, sin llegar a tanto, el tomarnos la vida sin atragantarnos, sin tomarnos en serio las opiniones de los demás, y, sin pasarnos de la raya, traernos un poco todo al pairo, nos puede venir mejor que, por ejemplo, cualquier otra cosa, que creamos que necesitamos para ayer...